Descripción
La Casa Batlló es la casa del paseo de Gràcia de Barcelona que Antoni Gaudí convirtió, en 1904-06, en un sueño de huesos, escamas y agua: una fachada ondulante de azulejos de colores, balcones como máscaras y un tejado como el lomo de un dragón. Los barceloneses la llaman la Casa de los Huesos.
El motivo de tanto despliegue fue la rivalidad. El paseo de Gràcia era el bulevar más elegante de la ciudad, y sus familias ricas competían por construir allí la mejor casa. Al lado, un fabricante de chocolate había añadido un hastial escalonado de estilo flamenco. Unas puertas más allá habían contratado a Domènech i Montaner. El industrial textil Josep Batlló llamó a Gaudí.
Batlló quería derribar el anodino edificio de 1877. Gaudí lo convenció de que bastaba con rehacerlo. La manzana ganó el apodo de Illa de la Discòrdia, la Manzana de la Discordia, por el choque de cuatro casas muy distintas.
La fachada reluce en un naranja dorado que vira a azul verdoso, hecha de trozos de cerámica rotos. Los balcones parecen calaveras, las columnas del piso principal, miembros, y algunos ven el conjunto como un estanque de nenúfares.
Arriba, el tejado se arquea como un lomo escamoso, y una torrecilla coronada por una cruz es, para muchos, la lanza de san Jorge, patrón de Cataluña, clavada en el dragón. Gaudí decía que en la naturaleza no hay líneas rectas, así que casi no usó ninguna.
Dentro, el patio de luces atraviesa el centro de la casa. Sus paredes son de un azul profundo arriba y más pálidas abajo, de modo que la luz cae por igual en todas las plantas, y Gaudí quería que se sintiera como el fondo del mar.
En el piso principal busca la chimenea en forma de seta, en un pequeño rincón. En lo más alto, el desván, antes lavandería y trastero, es blanco y silencioso, con sesenta arcos de catenaria como la caja torácica de un animal.
En 1906 el ayuntamiento incluyó la casa entre las finalistas de su premio al mejor edificio del año. Se lo llevó otro arquitecto. La familia conservó la casa hasta 1954, cuando se instaló una compañía de seguros, y en 1993 la compró la familia Bernat, la de los caramelos Chupa Chups, que la restauró.
Imprescindible
• La fachada.
• El patio de luces.
• El desván.
• El rincón de la chimenea del piso principal.
¿Sabías que…?
• Además de Casa de los Huesos, Barcelona la llamaba «casa de los bostezos».
• Es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 2005.
• En 1984 la fachada se iluminó durante la fiesta de la Mercè.
El motivo de tanto despliegue fue la rivalidad. El paseo de Gràcia era el bulevar más elegante de la ciudad, y sus familias ricas competían por construir allí la mejor casa. Al lado, un fabricante de chocolate había añadido un hastial escalonado de estilo flamenco. Unas puertas más allá habían contratado a Domènech i Montaner. El industrial textil Josep Batlló llamó a Gaudí.
Batlló quería derribar el anodino edificio de 1877. Gaudí lo convenció de que bastaba con rehacerlo. La manzana ganó el apodo de Illa de la Discòrdia, la Manzana de la Discordia, por el choque de cuatro casas muy distintas.
La fachada reluce en un naranja dorado que vira a azul verdoso, hecha de trozos de cerámica rotos. Los balcones parecen calaveras, las columnas del piso principal, miembros, y algunos ven el conjunto como un estanque de nenúfares.
Arriba, el tejado se arquea como un lomo escamoso, y una torrecilla coronada por una cruz es, para muchos, la lanza de san Jorge, patrón de Cataluña, clavada en el dragón. Gaudí decía que en la naturaleza no hay líneas rectas, así que casi no usó ninguna.
Dentro, el patio de luces atraviesa el centro de la casa. Sus paredes son de un azul profundo arriba y más pálidas abajo, de modo que la luz cae por igual en todas las plantas, y Gaudí quería que se sintiera como el fondo del mar.
En el piso principal busca la chimenea en forma de seta, en un pequeño rincón. En lo más alto, el desván, antes lavandería y trastero, es blanco y silencioso, con sesenta arcos de catenaria como la caja torácica de un animal.
En 1906 el ayuntamiento incluyó la casa entre las finalistas de su premio al mejor edificio del año. Se lo llevó otro arquitecto. La familia conservó la casa hasta 1954, cuando se instaló una compañía de seguros, y en 1993 la compró la familia Bernat, la de los caramelos Chupa Chups, que la restauró.
Imprescindible
• La fachada.
• El patio de luces.
• El desván.
• El rincón de la chimenea del piso principal.
¿Sabías que…?
• Además de Casa de los Huesos, Barcelona la llamaba «casa de los bostezos».
• Es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 2005.
• En 1984 la fachada se iluminó durante la fiesta de la Mercè.